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Una sanbernardina imparable 

Son las 8:11 a.m. y María Madariaga de 44 años, ya lleva dos horas atendiendo su puesto de comida rápida y su almacén de ropa ubicados al frente del Palacio municipal de San Bernardo del Viento. A las 12 del medio día cerrará su venta de papa rellena, huevos al gusto y arepas para dedicarse únicamente al local de moda. María no está sola, siempre la acompaña su esposo, con quien lleva 15 años de casados y ahora ha tomado el puesto de copiloto en esta familia para convertirse en la mano derecha de esta emprendedora sanbernardina.

 

María ha tenido que buscar varias fuentes de empleo debido a las pocas oportunidades que se encuentran en el municipio: “Trabajar así de independiente, vender comida. Por lo menos yo tengo el almacencito y también coso en mis ratos libres y así siempre estoy ocupada”. En la manera como prepara con delicadeza cada papa rellena, revisa su cocción y la sumerge en la mezcla para freír, se nota el amor y empeño que pone en su labor. Esto lo transmite a sus comensales, las personas no dejan de llegar y parece siempre tener un cliente esperando por su apetitoso y generoso manjar. Hombres, mujeres, adultos mayores, todos vienen a probar las delicias que provienen de sus manos, incluso la visita “la popular Mochi” que mientras ofrece boletos de lotería, su medio para obtener el sustento diario, comenta de su propia fama en el pueblo y las dificultades que existen en San Bernardo del Viento.

 

En esta esquina de este municipio de Córdoba, con una ligera brisa que refresca la piel y un cielo azul que hace olvidar el diluvio de la noche anterior, María nos comenta que tiene una hija mayor quien vive en Bogotá y ya es una mujer adulta e independiente, tiene dos hijos de 7 y 13 años a quienes anhela ver como profesionales: “Sí tengo pensado que sigan estudiando, ya empezamos a hacerles un ahorro. No podemos esperar a que llegue la hora de estudiar porque uno no tiene los recursos. Entonces es muy difícil ponerlos a estudiar. Muchos se quedan por ahí haciendo nada, pero la idea es que estudien. Todavía me queda mucho trabajo por delante porque tengo uno de siete años”.

 

También sueña con un futuro mejor para su tierra natal. Quiere ver un pueblo prosperado con mayores oportunidades laborales y salarios justos. María le pregunta a uno de sus comensales, un joven de unos 28 años, cuánto le pagan el día y este responde que hasta 1.000 pesos diarios ha llegado a recibir por su trabajo como obrero, solo haciendo más evidente que lo difícil que es para los sanbernardinos obtener ingresos que les proporcionen una calidad de vida digna.

 

Sin embargo, María es la prueba viviente de que aquí nadie deja de luchar por salir adelante y lo ha hecho desde pequeña, tanto así que solo estudió hasta quinto de primaria debido a que sus padres no podían costear su educación. Por esta razón migró a Bogotá buscando nuevos horizontes. “Siempre me gustó hacer negocios, ser independiente, no quedarme estancada. Eso es lo que te puedo decir de mi infancia aquí. A veces había para comprarnos una o dos mudas de ropa al año y por eso mi idea de tener un almacén (de ropa) para que mis hijos no tuvieran que vivir lo mismo”.

 

La sonrisa de esta mujer de piel trigueña que lleva su pelo en un colorido turbante y sus mejillas ruborizadas, refleja la tranquilidad y humanidad de los locales quienes disfrutan de pasar tiempo en familia. El amor que expresan las miradas entre su esposo y ella es inspirador y motivador para enfrentar los desafíos del día a día. Aún así, no apagan la ternura con la que se tratan y el apoyo que se brindan mutuamente. María, como muchas otras sanbernardinas es una mujer imparable que está transformando a su pueblo.